sábado 27 de noviembre de 2010

Me salvé de morir!



Hoy sábado fue un día raro.

Me dirigía, en mi no muy veloz moto, hacia un evento al que me contrataron como “desanimador” cuando me llamaron al celular. Se había cancelado. Pero no podía desperdiciar un sábado tan bello y lleno de sol. Entonces me enrumbé hacia “La Academia de Natación la Molina” a averiguar precios para inscribir a mi hija este verano. El lugar está al costado del colegio Newton. Iba en la moto como quien se va a la Planicie, a poca velocidad, más aún porque esa parte de la pista esta en subida. Terminada la cuesta, comienza una curva que me costó subir, cuando de pronto, sonó un crujido… Adelante mío, como a quince metros comenzaba a caer un árbol. No sé por qué pero yo aceleré. El árbol de más de treinta metros caía despacio pero agarraba velocidad a medida iba cayendo. Los carros que iban delante mío, aceleraron también. Caía el árbol y yo aceleraba. Caía más rápido y la moto estaba al tope de velocidad. Logré pasar. Voltie y detrás, el viejo árbol terminó de caer llevándose al suelo los cables que acompañan la ruta de la avenida. Igual le pasó a un poste que está entrelazado por dichos cables y que acabó partido y sus luces reventadas. Vidrios y cables que echaban chispas acompañaban la copa del árbol que reposaba en el suelo que antes nunca tocó.

Era increíble. Sentía que había salvado de morir, pues en moto estás más expuesto. Pero bueno me había salvado al fin y al cabo. Entonces fui a hacer lo que quería hacer. Luego regresé a casa.

Llegó la noche. Pensaba en todo lo que había pasado cuando sentí la necesidad de asomarme al balcón del tercer piso donde esta mi cuarto. Entonces vi como un perro acompañado por su dueña hacía caca en el pequeño jardín de la vereda que corresponde a mi casa.

Comencé a hacer ruidos, a bajo volumen pero como para que escuche la señora. “Perro cochino” fue una de las cosas que dije. Entonces la señora comenzó a mirar hacia los lados, no sabía de dónde venían los comentarios. Sacó una bolsa azul, como de comprar pan, y comenzó a levantar la caca de su perro. Yo continué con los comentarios, como buen vecino indignado y un poco pesado. Ella continuó recogiendo caca. Inclusive, fue lo que me sorprendió, comenzó a recoger otras cacas que estaban en el mismo jardín un poco más allá, pero que curiosamente no eran de su perro. Yo sonreí, me dio gracia lo que hizo. Ella partió hacia su casa. Claro, más allá dejó caer la bolsa en el jardín de otro vecino.

Este sábado 27 de noviembre del 2010 casi me cagan dos veces.

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